Hoy que es el aniversario de la presentación del informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación y el despiadado Antero, sumado a él, el vicepresidente Luís, solo le echan basura al Informe y a la comisión, trataré de transcribir dos fragmentos del prefacio escrito por Salomón Lerner Febres en mencionado informe.

Y el informe empieza así:

“La historia del Perú registra más de un trance difícil, penoso, de auténtica postración nacional. Pero, con seguridad, ninguno de ellos merece estar marcado rotundamente con el sello de la vergüenza y deshonor como el fragmento de historia que estamos obligados a contar en estas páginas. Las dos décadas finales del siglo XX son –es forzoso decirlo sin rodeos- una marca de horror y deshonra para el Estado y la sociedad Peruana.”

El Perú a través de su historia a sufrido mucho, pero imagínense la magnitud de lo sucedido en la década de los ochenta y noventa para que los sucesos de esos años sean catalogados como una marca de horror y deshonra para el Perú.

El siguiente fragmento pinta de cuerpo entero nuestra sociedad y dice:

“De cada cuatro víctimas, tres fueron campesinos o campesinas cuya lengua materna era el quechua, se trata, como saben los peruanos, de un sector de la población históricamente ignorado por el estado y por la sociedad urbana, aquella que si disfruta de los beneficios de nuestra comunidad política. La comisión no ha encontrado bases para afirmar, como alguna vez se ha hecho, que este fue un conflicto étnico. Pero si tiene fundamento para aseverar que estas dos décadas de destrucción y muerte no habrían sido posibles sin el profundo desprecio a la población más desposeída del país, evidenciado por miembros del CPC-Sendero Luminoso y agentes del Estado por igual, ese desprecio que se encuentra entretejido en cada momento de la vida cotidiana de los peruanos.”

La pregunta es, ¿a cambiado algo el Perú para los desposeídos?, nada, todo sigue igual, las políticas de estado y las política económica se siguen dictando a espaldas de las mayorías, estamos viviendo bonanza económica, pero para muchos la vida sigue igual, incluso los productos de primera necesidad cada día están más caras, por el contrario se está empezando a agredir a las comunidades nativas y campesinas con leyes que benefician a la gran inversión, pero afectan el desarrollo de su convivencia y su cultura.
No aprendemos la lección y seguimos cometiendo los mismos errores, esperemos que no aparezca algún intelectual desequilibrado y se aproveche del descontento de las mayorías y la historia se repita.
Hace falta se estúpido para no aprender de nuestros errores.


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